Reportaje Tiburon Longimanus Fotoacuatic.com
Reportajes Manuel Campillo y Aurelia Artolachipi
 
 

FICHA TÉNICA

FAMILIA:
Carcharhinidae

ESPECIE:
Carcharhinus longimanus

NOMBRES COMUNES:
Tiburón oceánico de puntas blancas y también jaquetón de ley (español) ; Oceanic whitetip shark (inglés); Tubaräo de pontas brancas (portugués); Requin océanic (francés).

DONDE VIVE:
En las aguas tropicales y templadas (siempre que no bajen de los 21ºC) de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico.

 
 
 

¿CÓMO SE COMPORTA?

De las más de 300 especies de tiburones que existen, sólo a 4 de ellas se les atribuye el dudoso apelativo de “comedores de hombres”: el tiburón blanco (carcharodon carcharias), el tiburón tigre (galeocerdo cuvieri), el tiburón toro (carcharhinus leucas) y el tiburón oceánico de puntas blancas, carcharhinus longimanus que nos ocupa. Los tres primeros protagonizan la mayoría de sus ataques en aguas costeras, pero si nos alejamos de la costa es al longimanus al que se le atribuye el mayor número de ataques y de hecho debe su terrible fama a los estragos que produjo en los naufragios de la II Guerra Mundial.

En el Mar Rojo, con suerte, contamos con una oportunidad única de observar de cerca este majestuoso jaquetón cuyo comportamiento aparentemente tranquilo pegados al arrecife se vuelve imprevisible y violento en el azul cuando penetramos en sus dominios y nos convertimos en una “posible” fuente de alimento.

Normalmente nada cerca de la superficie y es activo tanto de día como de noche. Tiene una natación majestuosa y engañosamente lenta, pero es curioso, persistente y muy tenaz, además de capaz de imprevistas y violentas aceleraciones si se excita. Su tenacidad y persistencia lo hacen difícil de rechazar. Puede permanecer horas controlando a la presa, describiendo círculos a su alrededor y acercándose insistentemente hasta llegar a toparla varias veces con el morro. Pero cuando se decide al ataque, lo hace rápida y bruscamente y después de un violento y único mordisco, su espera se prolonga hasta que la presa muere desangrada.

¿QUÉ COME?

Vive desde la superficie hasta los 150 metros de profundidad y casi siempre lejos de la costa, por lo que ignora que en el agua no existen otras cosas aparte de los elementos móviles que ataca sistematicamente cuando tiene hambre.

En la inmensidad azul no siempre la comida está garantizada por lo que tiene que aprovechar el encuentro con cualquier cosa comestible que le permita recargar energías. Normalmente sigue a los bancos de peces pelágicos de los que se alimenta principalmente: caballas, barracudas, atunes, merlines, etc......También preda sobre aves marinas, tortugas y cefalópodos, siendo uno de sus bocados preferidos las grandes masas flotantes de puesta de huevos de los clamares gigantes. No duda incluso en atacar, si se le presenta la ocasión, a delfines y focas y aprovecha también cualquier carroña que flote a la deriva.

¿CÓMO ES?

Su cuerpo macizo es gris pardo y el vientre blanco. Su talla adulta puede alcanzar los 4 m. de largo total aunque normalmente no sobrepasan los 3 m, siendo las hembras más grandes que los machos. Se distingue fácilmente por su enorme primera aleta dorsal cuya extremidad, claramente redondeada, es blanca moteada de gris. Pero sobre todo resulta inconfundible por sus particularmente desarrolladas aletas pectorales de donde le viene el nombre, pues longimanus significa “brazos largos”. Los extremos de estas aletas son también redondeados y de un color blanco sucio.

Su morro es grueso y redondeado y el tamaño de sus ojos es relativamente grande. En la mandíbula superior tiene amplios dientes aserrados de forma triangular y en la inferior son más puntiagudos, y aserrados sólo cerca de la extremidad.

¿CÓMO SE REPRODUCE?

El tiburón longimanus es vivíparo lo que significa que pare crías vivas. Los huevos se desarrollan dentro de un saco vitelino en las vías genitales de la hembra y se alimentan de la madre mediante una especie de placenta más o menos compleja no muy diferente de la de los mamíferos.El periodo de gestación dura doce meses, al cabo de los cuales la hembra “pare” de 1 a 15 crías de 60 a 65 cms. de longitud. Alcanzan la madurez sexual con aproximadamente 6 ó 7 años, cuando los machos miden 1,90 m. y las hembras 2 m. Se piensa que pueden vivir hasta los 20 ó 22 años como mucho.

LOS PECES PILOTOS, SUS COMPAÑEROS HABITUALES

Es muy frecuente verlos rodeados de un séquito de carángidos, naucrates ductor, que normalmente se sitúan ligeramente adelantados por encima de su cabeza de donde les viene el nombre común de pez piloto. Pero estos peces no “guian” al tiburón, sino que parecen aprovechar la onda hidrodinámica que se produce en la extremidad del morro del tiburón cuando se desplaza (como la ola que se produce en la proa de los barcos y que a menudo aprovechan los delfines para jugar desplazandose con su empuje).

Pero también, el robusto cuerpo del escualo les sirve de protección y además, estar situados en primera fila es una garantía para alimentarse. Cuando el tiburón da el bocado mortal y empieza a sacudir a su presa, los peces pilotos aprovechan los pequeños fragmentos que se desprenden y además son lo suficientemente ágiles y rápidos como para no verse sorprendidos nunca por el escualo, condenado a vivir siempre rodeado de esquisitos bocados que le acompañan en su deambular por los mares, pero que nunca podrá comer.

 

SU CONSERVACIÓN

Aunque este escualo no se encuentra en las especies calificadas como en grave peligro de extinción, su número disminuye alarmantemente debido a la fuerte presión que ejerce sobre ellos la pesca. Capturado expresamente con palangres pelágicos o accidentalmente en la pesca del atún o del pez espada, es comercializado frecuentemente. Sus grandes aletas son especialmente apreciadas en oriente para la fabricación de la famosa sopa y en algunas ocasiones el resto del cuerpo se desecha. Pero en otras, se utiliza para hacer harina de pescado, se vende su carne congelada, en salazón, ahumada, etc... su piel se utiliza para fabricar cuero y su hígado para la obtención de vitaminas.

En toda la larga historia de los escualos que sobrevivieron indemnes al reinado de los dinosaurios, nunca tuvieron que afrontar una amenaza tan despiadada para su supervivencia como en la actualidad. Se les ha infligido más daño en los últimos 20 años que en los 150 millones de años transcurridos desde su aparición.

 
Escrito por Aurelia Artolachipi
Fotos: Manuel Campillo
 
 
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