¿CÓMO SE
COMPORTA?
De las más de 300 especies de tiburones
que existen, sólo a 4 de ellas se les atribuye
el dudoso apelativo de “comedores de hombres”:
el tiburón blanco (carcharodon carcharias),
el tiburón tigre (galeocerdo cuvieri),
el tiburón toro (carcharhinus leucas) y
el tiburón oceánico de puntas blancas,
carcharhinus longimanus que nos ocupa. Los tres
primeros protagonizan la mayoría de sus
ataques en aguas costeras, pero si nos alejamos
de la costa es al longimanus al que se le atribuye
el mayor número de ataques y de hecho debe
su terrible fama a los estragos que produjo en
los naufragios de la II Guerra Mundial.
En el Mar Rojo, con suerte, contamos con una
oportunidad única de observar de cerca
este majestuoso jaquetón cuyo comportamiento
aparentemente tranquilo pegados al arrecife se
vuelve imprevisible y violento en el azul cuando
penetramos en sus dominios y nos convertimos en
una “posible” fuente de alimento.
Normalmente nada cerca de la superficie y es
activo tanto de día como de noche. Tiene
una natación majestuosa y engañosamente
lenta, pero es curioso, persistente y muy tenaz,
además de capaz de imprevistas y violentas
aceleraciones si se excita. Su tenacidad y persistencia
lo hacen difícil de rechazar. Puede permanecer
horas controlando a la presa, describiendo círculos
a su alrededor y acercándose insistentemente
hasta llegar a toparla varias veces con el morro.
Pero cuando se decide al ataque, lo hace rápida
y bruscamente y después de un violento
y único mordisco, su espera se prolonga
hasta que la presa muere desangrada.
¿QUÉ COME?
Vive desde la superficie hasta los 150 metros
de profundidad y casi siempre lejos de la costa,
por lo que ignora que en el agua no existen otras
cosas aparte de los elementos móviles que
ataca sistematicamente cuando tiene hambre.
En la inmensidad azul no siempre la comida está
garantizada por lo que tiene que aprovechar el
encuentro con cualquier cosa comestible que le
permita recargar energías. Normalmente
sigue a los bancos de peces pelágicos de
los que se alimenta principalmente: caballas,
barracudas, atunes, merlines, etc......También
preda sobre aves marinas, tortugas y cefalópodos,
siendo uno de sus bocados preferidos las grandes
masas flotantes de puesta de huevos de los clamares
gigantes. No duda incluso en atacar, si se le
presenta la ocasión, a delfines y focas
y aprovecha también cualquier carroña
que flote a la deriva.
¿CÓMO ES?
Su cuerpo macizo es gris pardo y el vientre blanco.
Su talla adulta puede alcanzar los 4 m. de largo
total aunque normalmente no sobrepasan los 3 m,
siendo las hembras más grandes que los
machos. Se distingue fácilmente por su
enorme primera aleta dorsal cuya extremidad, claramente
redondeada, es blanca moteada de gris. Pero sobre
todo resulta inconfundible por sus particularmente
desarrolladas aletas pectorales de donde le viene
el nombre, pues longimanus significa “brazos largos”.
Los extremos de estas aletas son también
redondeados y de un color blanco sucio.
Su morro es grueso y redondeado y el tamaño
de sus ojos es relativamente grande. En la mandíbula
superior tiene amplios dientes aserrados de forma
triangular y en la inferior son más puntiagudos,
y aserrados sólo cerca de la extremidad.
¿CÓMO SE REPRODUCE?
El tiburón longimanus es vivíparo
lo que significa que pare crías vivas.
Los huevos se desarrollan dentro de un saco vitelino
en las vías genitales de la hembra y se
alimentan de la madre mediante una especie de
placenta más o menos compleja no muy diferente
de la de los mamíferos.El periodo de gestación
dura doce meses, al cabo de los cuales la hembra
“pare” de 1 a 15 crías de 60 a 65 cms.
de longitud. Alcanzan la madurez sexual con aproximadamente
6 ó 7 años, cuando los machos miden
1,90 m. y las hembras 2 m. Se piensa que pueden
vivir hasta los 20 ó 22 años como
mucho.
LOS PECES PILOTOS, SUS COMPAÑEROS
HABITUALES
Es muy frecuente verlos rodeados de un séquito
de carángidos, naucrates ductor, que normalmente
se sitúan ligeramente adelantados por encima
de su cabeza de donde les viene el nombre común
de pez piloto. Pero estos peces no “guian” al
tiburón, sino que parecen aprovechar la
onda hidrodinámica que se produce en la
extremidad del morro del tiburón cuando
se desplaza (como la ola que se produce en la
proa de los barcos y que a menudo aprovechan los
delfines para jugar desplazandose con su empuje).
Pero también, el robusto cuerpo del escualo
les sirve de protección y además,
estar situados en primera fila es una garantía
para alimentarse. Cuando el tiburón da
el bocado mortal y empieza a sacudir a su presa,
los peces pilotos aprovechan los pequeños
fragmentos que se desprenden y además son
lo suficientemente ágiles y rápidos
como para no verse sorprendidos nunca por el escualo,
condenado a vivir siempre rodeado de esquisitos
bocados que le acompañan en su deambular
por los mares, pero que nunca podrá comer.
SU CONSERVACIÓN
Aunque este escualo no se encuentra en las especies
calificadas como en grave peligro de extinción,
su número disminuye alarmantemente debido
a la fuerte presión que ejerce sobre ellos
la pesca. Capturado expresamente con palangres
pelágicos o accidentalmente en la pesca
del atún o del pez espada, es comercializado
frecuentemente. Sus grandes aletas son especialmente
apreciadas en oriente para la fabricación
de la famosa sopa y en algunas ocasiones el resto
del cuerpo se desecha. Pero en otras, se utiliza
para hacer harina de pescado, se vende su carne
congelada, en salazón, ahumada, etc...
su piel se utiliza para fabricar cuero y su hígado
para la obtención de vitaminas.
En toda la larga historia de los escualos que
sobrevivieron indemnes al reinado de los dinosaurios,
nunca tuvieron que afrontar una amenaza tan despiadada
para su supervivencia como en la actualidad. Se
les ha infligido más daño en los
últimos 20 años que en los 150 millones
de años transcurridos desde su aparición.
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