Reportaje Maro Cerro Gordo
Reportajes Manuel Campillo y Aurelia Artolachipi
 
 

FICHA TÉNICA

Phylum:
Cnidaria

Clase:
Scyphozoa

Las más comunes en el mediterráneo:
La medusa luminiscente, Pelagia noctiluca, La medusa huevo frito, Cotylorhiza tuberculara y La medusa azul, Rhizostoma pulmo.

Nombres comunes:
En español también aguacuajada o aguamala, en francés, méduse, y en inglés, jellyfish (pez gelatina).

La leyenda:
Su nombre procede de la mitología griega, pues por su aspecto recuerda a Medusa, de cuyos cabellos salían culebras vivas y que tenía el poder de convertir en piedra a cualquier ser vivo que la mirara a la cara. La realidad es bien diferente, podéis mirarlas todo lo que queráis pero eso si, ¡es mejor no tocarlas!

 
 
 

Los expertos están alarmados por la aparición de auténticas plagas de medusas que invaden las playas de las zonas turísticas y atascan las redes en los caladeros de pesca. Parece ser que la causa es una vez más los desequilibrios que el ser humano provoca en el medio marino. La sobrepesca ha ocasionado la desaparición de muchos de sus competidores por su principal alimento: el plancton, que al abundar en demasía provoca que crezcan en número y tamaño. Además, la disminución de sus depredadores naturales (algunas especies de tortugas, los atunes, los peces luna, etc..), la polucción y el calentamiento global hacen el resto.

 

NÓMADAS DE LOS MARES

Viven en todos los mares del planeta, desde los tropicales hasta las frías aguas del Ártico desde hace más de 650 millones de años. Las hay desde las más diminutas de solo algunos centímetros hasta la más grande, llamada crin de león, cyanea capillata, cuyos tentáculos pueden ser más largos que una ballena azul.

A diferencia de sus primos los corales y las anémonas que viven sujetos al fondo, las medusas son pelágicas, lo que quiere decir que viven en aguas libres. Llevan una vida “errante” pues, aunque tienen una pequeña capacidad de autopropulsión mediante contracciones de su umbrela, van siempre a merced de las corrientes por lo que están condenadas a perecer embarrancadas cuando las corrientes o el oleaje las acercan a la costa.

 

¿POR QUÉ LAS TEMEMOS?

Las medusas, que hasta el siglo XVIII fueron consideradas plantas, pertenecen al grupo de los Cnidarios. ”Cnida” significa ortiga en griego y todos los cnidarios poseen células urticantes, los nematocistos, que usan para inmovilizar a sus presas. Pero las medusas “no atacan” si se entiende por atacar una voluntad de hacer daño que no tienen. Sus células urticantes se disparan automáticamente cuando sienten el roce o la diferencia de presión o temperatura, por lo que incluso moribundas o muertas no se las debe tocar pues los cnidocitos siguen activos mientras contengan la toxina y resultan igual de peligrosos.

Pero curiosamente las medusas van a menudo acompañadas de alevines de carángidos, como serviolas o jureles que al menor peligro se ocultan entre sus tentáculos sin que les afecten para nada las células urticantes de los mismos.

Y a pesar de no parecer un bocado apetitoso y de ser casi todo agua hay otros seres que se alimentan de ellas. Peces como la caballa, el atún o el pez luna, algunas especies de tortugas, varias aves oceánicas y otra medusas y anémonas. Además, en algunas partes de Asia, como China, Corea y Japón son consideradas un bocado exquisito por el hombre.

 

¿CÓMO SON?

Su cuerpo transparente está formado por un 95% de agua y consta de tres partes principales: la umbrela o paraguas, los brazos orales que rodean la boca y los tentáculos. Presentan una cavidad interna, donde se realiza la digestión y que tiene una sola abertura que realiza las funciones de boca y ano. Poseen un sistema nervioso primitivo que rige la pulsación rítmica de su umbrela o campana y en el margen de la misma algunas tienen unos órganos sensoriales, los ocelos, que les permiten detectar diferentes intensidades de luz.

Aunque puedan parecer pasivas, son unos potentes y eficaces depredadores. Son carnívoras y pueden aumentar de tamaño y número con rapidez cuando la alimentación es abundante como estamos pudiendo comprobar. La mayoría se alimentan principalmente de zooplancton: pequeños crustáceos como el krill o los copépodos, aunque también forman parte de su dieta algunos peces de reducido tamaño y otras medusas.

 

ALARMA EN EL MEDITERRÁNEO

El verano pasado oleadas de pelagia noctiluca, la más pequeñas pero la más urticante de las especies de nuestras aguas, llegaron a nuestras costas y se convirtieron en la pesadilla de los bañistas.

Normalmente se acumulan allí donde se forme una barrera física que impida su avance. En el Mediterráneo viven desde el otoño hasta la primavera al final de la plataforma continental a unos 30 kilómetros del litoral donde las aguas son más cálidas y hay más nutrientes. Pero diversos fenómenos pueden hacer desaparecer esta barrera y entonces se acercan en masa a las costas. Está comprobado que año de sequía, se corresponde con año de invasión. Según esta hipótesis el agua vertida por los ríos al mar es escasa y por tanto no existe la habitual “barrera fría y menos salada” en las aguas costeras.

Otras hipótesis apuntan a que la gran cantidad de materia orgánica procedente de los vertidos de aguas residuales, incluidas las fecales, favorecen su crecimiento y reproducción. Si a esto añadimos que durante el estío los vientos suelen soplar del mar hacia la costa y el ya apuntado desequilibrio ecológico por la disminución de sus depredadores o de los depredadores de su alimento, ...................el resultado es evidente.

 

EL PROBLEMA DEL MAR MENOR

Este problema se repite todos los años en La Manga del Mar Menor en Murcia donde 70 millones de ejemplares de la medusa huevo frito viven en las aguas someras y calmadas de la mayor laguna salada de España. Parte de los abonos que se utilizan en el agua de riego de la huerta murciana acaba en las aguas del Mar Menor lo que favorece una anormal proliferación de alimento y las medusas se multiplican desaforadamente.

Esta especie no es apenas urticante, pero en tan gran número resulta molesta y desagradable para el gran número de turistas que disfrutan en verano de estas aguas. Para evitar su acercamiento a las playas, se colocan cada año redes de protección en las 18 playas principales de la laguna y una flotilla de barcos se encarga de sacar del agua toneladas de esta masa gelatinosa, aunque menos de un 10% de la población acaba así.

 

EL CURIOSO CASO DE PALAU

En las islas de Palau en la Micronesia tenemos también un curioso fenómeno de concentración de medusas original y único en el mundo, pero en este caso es debido sólo a un fenómeno natural.

Cuando las islas se elevaron hace millones de años dejaron un lago interior en la isla Eil Malk, donde quedaron aisladas las medusas que se han convertido en las dueñas y señoras del lugar.

La ausencia de depredadores y de algo sólido que llevarse a la boca ha propiciado la pérdida total de su poder urticante, pues ya no lo necesitan para paralizar a sus presas, y se han convertido en “cultivadoras de algas”de las que se alimentan. Estas algas, zooxantelas, crecen en el propio tejido de las medusas y viven con ellas de manera simbiótica. Las medusas llevan su alimento a cuestas y las algas tienen asegurado el sol que necesitan para vivir y reproducirse. Por ello resulta extremadamente curioso ver que los millones de medusas del lago se muevan al unísono con el sol. Durante el día se desplazan de este a oeste y durante la noche bajan al fondo del lago para volver a emergen en cuanto el primer rayo de sol aparece al amanecer.

 
Escrito por Aurelia Artolachipi
Fotos: Manuel Campillo
 
 
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