ENCRUCIJADA DE CORIENTES
Aunque situadas en la línea del Ecuador, hay una serie de características especiales que suavizan su clima que es subtropical seco con temperaturas entre los 18 y 22ºC. Esto se debe que están enclavadas en una encrucijada de corrientes marinas: las corrientes cálidas que proceden del NE (El Niño), y del O (Cromwell) y una corriente fría procedente del Sur tremendamente rica en plancton y nutrientes.
De origen puramente volcánico, nunca tuvieron conexión con continente alguno. Pero en el devenir de los milenios, estas corrientes arrastraron hasta sus costas a diversas especies animales y vegetales que allí se diversificaron y multiplicaron. Un auténtico museo viviente, donde especies antárticas y ecuatoriales convivían armoniosamente, ¡hasta la llegada del hombre!
LA LLEGADA DEL HOMBRE
Los españoles las descubrieron en el siglo XVI. Más tarde, piratas, cazadores de focas y balleneros hicieron de las islas un lugar donde aprovisionarse de carne fresca: los galápagos gigantes, de hasta 250 kg de peso y que le dieron el nombre a las islas, sobrevivían durante meses en las bodegas de los barcos. Focas y otarios eran cazados por sus pieles. Por si ello no bastara, el hombre trajo consigo perros, cabras, cerdos y ratas que, hoy, en estado salvaje en algunas islas, constituyen un auténtico problema para la supervivencia de animales autóctonos. La Fundación Charles Darwin vela actualmente por proteger y conservar todo este patrimonio que son “Las Islas Encantadas”
REPTILES, PÁJAROS Y MAMÍFEROS MARINOS
A parte de las gigantes tortugas y las iguanas terrestres, hay otro reptil, las iguanas marinas, exclusivas de este archipiélago. Son las únicas iguanas del mundo que se sumergen en el mar en busca de algas de las que se alimentan.
Abundan los mamíferos marinos. Es fácil ver orcas y ballenas en las largas travesías hacia el norte y en numerosas ocasiones contamos con la compañía de grandes manadas de delfines. Pero pudimos deleitarnos especialmente observando a los otarios o leones marinos que viven en abigarradas colonias en las que un macho reúne un harén de hembras más o menos numeroso. Bajo el agua son elegantes, veloces y gráciles.
Hay una gran cantidad y diversidad de aves, y lo más curioso, una colonia de pingüinos. Se supone que vinieron del extremo sur de Sudamérica arrastrados por la corriente fría de Humbolt. Resulta cómico y curioso verlos caminar tan serios, con su frac de gala, en un mundo de lava, calor y sol.
Allí en tierra, otarios, iguanas y aves no tienen enemigos naturales, por lo que no han desarrollado los mecanismos de miedo y huida ante un posible enemigo. Incluso el hombre, supremo depredador, es ignorado en este universo donde todos los animales se dejan acercar con indiferencia, hasta el punto de que se les podría tocar y coger si no estuviera totalmente prohibido.
LAS GALÁPAGOS BAJO EL AGUA
La confluencia de aguas cálidas y frías determina la gran riqueza de sus aguas. La gran cantidad de pelágicos y las fuertes corrientes hacen que este destino no sea el más adecuado para buceadores debutantes. Además, el buceo allí es totalmente imprevisible y el mismo lugar de un día a otro puede presentar bastantes variaciones.
Emprendimos nuestro crucero hacia el norte, a las islas de Wolf y Darwin, objetivo del viaje. De camino visitamos varias islas y variados puntos de inmersión en Seymur Norte, Rocas Gordon, Rocas Primo…donde ya nos percatamos de las características submarinas del archipiélago. Los fondos son volcánicos y debido a la influencia de la corriente fría del sur, el coral no crece salvo en alguna zona, pero es muy curioso ver la coexistencia de especies de climas fríos, como pingüinos y otarios, con peces tropicales multicolores que se mueven entre tortugas, tiburones, rayas y grandes bandadas de carángidos.
DARWIN Y WOLF
Pero bucear en Las Galápagos y no hacerlo en el norte, Darwin y Wolf, es como conocer sólo la punta de un iceberg. Después de catorce horas de navegación, llegamos a las islas de Wolf y Darwin. Al lado de la isla de Darwin un enorme arco de piedra, esculpido por la erosión, emerge majestuoso del fondo del mar. Aquí en el norte el agua está más cálida y clara que en el sur, por lo que hay mayor proliferación de peces tropicales, pero es tal la abundancia de grandes pelágicos, que tienes que hacer un esfuerzo para desviar la vista de vez en cuando hacia compañeros tan “insignificantes”. Cardúmenes de túnidos, carángidos, chopas,... entre los que se paseaban rayas águilas de lunares blancos , tortugas, dos mantas que pasaron a cierta distancia,... y ¡como no!, las estrellas del lugar, tiburones galapagueños y tiburones martillos en números de cientos. No hay que moverse para verlos, están allí. Toda esta vida desfila ante tus ojos haciéndote imaginar cómo sería el mar hace 500 años. Y en determinadas épocas del año los tiburones ballena se suman al espectáculo bajo El Arco de Darwin.
Nos fuimos con el recuerdo de un viejo letrero que vimos pintado en la isla de Baltra donde paró el barco para repostar. Colgaba de la puerta de uno de los edificios en ruinas de lo que fue la más importante base aérea americana de la zona en la 2ª Guerra Mundial. Pintado por alguien que seguro conocía las islas, ponía “World end”, “Fin del Mundo” y tenía razón.
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